47años de la victoria de la Revolución Sandinista: las batallas por la liberación, la construcción del Estado y la preservación de los principios

بي دي ان |

19 يوليو 2026 الساعة 11:22ص

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El verdadero valor de las grandes revoluciones no reside únicamente en el momento de su victoria. La caída de un régimen en un día histórico puede ser apenas el comienzo de una etapa mucho más difícil que la propia confrontación. La verdadera prueba de toda revolución empieza cuando pasa de la resistencia a la responsabilidad, de enfrentar al adversario a construir el Estado, y de las consignas que unifican a las masas durante la lucha a las políticas que determinan la vida de las personas en el ejercicio del poder.
En este contexto adquiere especial relevancia la experiencia de la Revolución Sandinista en Nicaragua. Cuarenta y siete años después de su triunfo, el 19 de julio de 1979, la pregunta ya no es cómo un pueblo pequeño logró derrocar a un régimen respaldado por una gran potencia, sino cómo la Revolución Sandinista consiguió preservar sus principios y, al mismo tiempo, construir un Estado moderno. Nicaragua superó incluso el logro de derrocar al régimen al edificar un Estado moderno gobernado por los mismos valores que inspiraron la revolución.
La Revolución Sandinista pasó a la historia no solo porque logró derrocar a Somoza, sino porque tradujo sus consignas y principios en una realidad concreta mediante la construcción de un Estado moderno cuyo desempeño supera al de todos los países vecinos. Por ello, la experiencia de 9fNicaragua constituye un modelo de especial importancia para reflexionar sobre la relación entre revolución y Estado, entre la defensa de la soberanía nacional y la realización de la justicia social. En este ámbito, la experiencia nicaragüense puede considerarse la más exitosa de la época contemporánea.
Para comprender este proceso, es necesario volver a las raíces históricas que forjaron la conciencia nacional de Nicaragua y a la larga y compleja relación con los Estados Unidos, uno de los factores más determinantes en el desarrollo del movimiento nacional sandinista. Desde comienzos del siglo XX, Centroamérica pasó a ser un espacio vital para los intereses estadounidenses debido a su ubicación geográfica y a su importancia estratégica. En 1912, las tropas estadounidenses invadieron Nicaragua, iniciando una prolongada etapa de presencia militar e influencia política, dentro de una visión que consideraba a la región parte de su esfera de influencia y de su seguridad estratégica.
Posteriormente, Estados Unidos volvió a intervenir tras el estallido de la Guerra Constitucional en 1926, enfrentándose a la resistencia nacional encabezada por Augusto César Sandino, quien con el tiempo se convertiría en uno de los mayores símbolos de la lucha contra la intervención extranjera en América Latina. Sandino no libraba únicamente una confrontación militar; sostenía además una concepción política basada en que la independencia de un Estado no puede considerarse completa mientras su decisión nacional permanezca subordinada a la voluntad de una potencia extranjera. Por ello, su resistencia trascendió las fronteras de Nicaragua y se convirtió en un símbolo para los movimientos de liberación, como ejemplo de un pueblo pequeño que enfrentó una enorme desigualdad en la correlación de fuerzas, pero que fue capaz de convertir su causa nacional en una causa que superó sus propias fronteras.
La resistencia sandinista logró derrotar al ejército estadounidense y obligarlo a retirarse. Aunque Washington conservó una influencia considerable mediante diversos acuerdos políticos y de seguridad, entre ellos la creación de la Guardia Nacional, que posteriormente se convertiría en un instrumento fundamental para el ascenso de la familia Somoza.
Sin embargo, aquella etapa quedó como prueba de que una gran potencia no siempre es capaz de imponer indefinidamente su voluntad. Aunque la retirada de las tropas estadounidenses no puso fin al conflicto en torno a la independencia de la decisión nacional, sí trasladó esa lucha a una nueva fase. La Guardia Nacional se transformó en un instrumento de control político y, con el ascenso de la familia Somoza, Nicaragua entró en un prolongado período de gobierno que combinó el poder político, los intereses económicos y una estrecha relación con las potencias extranjeras.
Durante las décadas del gobierno de la familia Somoza, se extendió entre amplios sectores del pueblo la convicción de que el Estado había perdido su capacidad para representar las aspiraciones de los ciudadanos y que las riquezas y oportunidades del país no llegaban de manera justa a la sociedad. De este modo, la oposición dejó de ser un simple rechazo a un determinado sistema político para convertirse en el rechazo de toda una estructura asociada, en la conciencia popular, con la dependencia, la ausencia de justicia social y la concentración del poder.
De estas circunstancias nació el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que adoptó el nombre de Sandino y recuperó su legado histórico, presentándose como la continuación de una lucha nacional por la independencia y la justicia. Tras largos años de enfrentamiento con el régimen, las fuerzas revolucionarias entraron en Managua el 19 de julio de 1979, poniendo fin a la dictadura de la familia Somoza, en un acontecimiento que constituyó un punto de inflexión histórico para América Latina y para el mundo.
Sin embargo, la importancia de aquella victoria no radicó únicamente en el derrocamiento de un régimen político, sino también en el proyecto nacional orientado a construir un Estado moderno sobre los fundamentos y los valores de la revolución. Con el paso del tiempo quedó demostrada la extraordinaria capacidad de la Revolución Sandinista, recién triunfante, para armonizar los principios y los valores con el ejercicio del gobierno. Los gobiernos sandinistas, bajo el liderazgo del comandante Daniel Ortega, administraron con solvencia y una visión sin precedentes todos los ámbitos de la vida nacional, respondiendo así a las aspiraciones del pueblo nicaragüense.
No obstante, el triunfo de la Revolución Sandinista no puso fin al conflicto, sino que abrió un capítulo nuevo y mucho más complejo. La revolución se produjo en el momento culminante de la Guerra Fría, y los Estados Unidos consideraron al gobierno sandinista una amenaza para sus intereses estratégicos. Nicaragua entró entonces en una nueva etapa de confrontación, convirtiéndose nuevamente en escenario de las ambiciones estadounidenses, lo que se manifestó en el apoyo de Washington a las fuerzas armadas de la Contra.
En estas circunstancias, Nicaragua afrontó con determinación un doble desafío: defender la independencia de su decisión nacional y, al mismo tiempo, construir un Estado capaz de satisfacer las necesidades de sus ciudadanos. Fue entonces cuando apareció la verdadera prueba de la revolución: transformar sus principios en una realidad tangible para la población.
La Revolución Sandinista procuró convertir su visión social en programas concretos, colocando al ser humano en el centro de este proyecto. La educación fue considerada uno de los pilares fundamentales de la construcción del Estado, y se pusieron en marcha amplias campañas nacionales de alfabetización que llegaron a regiones y sectores que durante largo tiempo habían sufrido la marginación, contribuyendo a reducir de manera significativa los índices de analfabetismo.
Asimismo, el Estado concedió una atención prioritaria al sector de la salud. Los servicios públicos de atención sanitaria se ampliaron considerablemente y pasaron a estar disponibles para amplios sectores de la población con costos muy reducidos, cuando no completamente gratuitos, partiendo de una concepción que entiende que la justicia social constituye una responsabilidad práctica del Estado y no un simple lema político.
A pesar de la guerra, de las presiones económicas, del bloqueo y de las dificultades propias de la transición de una sociedad que salía del conflicto hacia un Estado llamado a gestionar el desarrollo, los sandinistas demostraron poseer la capacidad, la voluntad y las herramientas necesarias para convertir las consignas y los principios en una realidad.
El valor de cualquier experiencia política no se mide únicamente por su capacidad para construir su propio relato, sino también por su capacidad para preservarlo. Han transcurrido cuarenta y siete años desde la victoria de la Revolución Sandinista y los sandinistas continúan construyendo y desarrollando su país hasta convertirlo en un modelo digno de ser emulado, logrando al mismo tiempo mantener vivos los valores y los principios que inspiraron la revolución.
El tránsito de la revolución al Estado constituye la prueba más difícil, porque la revolución ofrece a los pueblos el objetivo de la liberación y el cambio, mientras que el Estado exige construir instituciones, administrar los recursos, alcanzar el desarrollo, garantizar los servicios públicos y actuar en un mundo regido por intereses y equilibrios. En este sentido, es preciso señalar que Nicaragua ha sobresalido de manera extraordinaria en este ámbito.
Por ello, la experiencia de Nicaragua constituye un modelo de gran importancia para reflexionar sobre la relación entre la soberanía nacional, la justicia social y la construcción del Estado. El país convirtió la educación, la salud, la alfabetización y el desarrollo de la infraestructura en parte integral de su proyecto social; preservó la independencia de su decisión política en un entorno internacional complejo y vinculó sus posiciones en política exterior con una memoria histórica forjada alrededor de la defensa de la soberanía y del derecho de los pueblos a la autodeterminación
Desde esta perspectiva puede comprenderse la posición de Nicaragua respecto de la causa palestina, no como una postura aislada de su propia historia, sino como la expresión de una visión política que sostiene que la justicia internacional no debe ser selectiva y que el derecho de los pueblos a la libertad y a la autodeterminación debe constituir un principio universal, no condicionado únicamente por las relaciones de poder.
América Latina, en general, y Nicaragua, en particular, conservan en su memoria política una larga experiencia marcada por las intervenciones extranjeras y las luchas por la independencia de la decisión nacional. Por ello, numerosas corrientes políticas del continente han vinculado sus propias experiencias históricas con las causas de liberación nacional en el mundo, entre ellas la causa palestina.
Por esta razón, el aniversario de la victoria de la Revolución Sandinista no representa simplemente la conmemoración de un acontecimiento histórico ocurrido hace cuarenta y siete años, sino una oportunidad para reflexionar sobre una experiencia que logró pasar de la resistencia al Estado y de la confrontación con el adversario al desafío de la construcción
Nicaragua ha demostrado que el tamaño de un Estado no determina por sí solo su capacidad de influir y que los pueblos pequeños pueden hacerse presentes cuando poseen una causa en la que creen y una voluntad firme para defenderla. Pero también ha demostrado que las victorias más difíciles de las revoluciones no son aquellas alcanzadas en el momento de la confrontación, sino las que se consiguen cuando los principios se transforman en políticas públicas, los ideales en una realidad cotidiana y la construcción del Estado en la verdadera prueba de fidelidad al mensaje del que nació la revolución.
Quizá la lección más importante de la experiencia sandinista sea que una revolución no se inmortaliza únicamente porque haya derrotado a sus adversarios, sino porque ha sido capaz de superar la prueba del tiempo. Nicaragua ha demostrado que la construcción del Estado no es la negación de los principios, sino su examen más exigente. Cuando una experiencia política consigue armonizar la soberanía nacional, la justicia social y la construcción del ser humano, no solo preserva su memoria histórica, sino que otorga a esa memoria la capacidad de perdurar y renovarse a través de las generaciones futuras.

47 عامًا على انتصار الثورة الساندينية في معارك التحرر والبناء والحفاظ على المباديء

ليست قيمة الثورات الكبرى في لحظة انتصارها فقط، فالسقوط الذي يحدث في يوم تاريخي قد يكون بداية مرحلة أكثر صعوبة من مرحلة المواجهة نفسها. فالاختبار الحقيقي لأي ثورة يبدأ عندما تنتقل من موقع المقاومة إلى موقع المسؤولية، ومن مواجهة الخصم إلى بناء الدولة، ومن الشعارات التي توحد الجماهير في لحظة النضال إلى السياسات التي تحدد حياة الناس في زمن الحكم.
ومن هنا تكتسب تجربة الثورة الساندينية في نيكاراغوا أهميتها، فبعد سبعة وأربعين عامًا على انتصارها في 19 تموز/يوليو 1979، فالسؤال المطروح ليس كيف تمكن شعب صغير من إسقاط نظام مدعوم من قوة كبرى، بل كيف تمكنت الثورة الساندينية من الحفاظ على المباديء وفي ذات الوقت بناء دولة عصرية ،لقد تفوقت ثورة نيكاراغوا على ابداعها في اسقاط النظام ببناء دولة عصرية تحكمها نفس قيم الثورة  .
فالثورة  الساندينية دخلت  التاريخ ليس فقط لانهاى نجحت في الاطاحة بسوموزا بل لانها ترجمت شعاراتها ومبادئها على الارض عبر بناء دولة عصرية تتفوق في ادائها على كل دول الجوار، ولهذا تقدم تجربة نيكاراغوا نموذجًا مهمًا للتأمل في العلاقة بين الثورة والدولة، وبين الدفاع عن السيادة الوطنية وتحقيق العدالة الاجتماعية،حيث ان تجربة نيكاراغوا في هذا المضمار تعد الانجح في العصر الحديث.
ولفهم هذا المسار، لا بد من العودة إلى الجذور التاريخية التي صنعت الوعي الوطني في نيكاراغوا، وإلى العلاقة الطويلة والمعقدة مع الولايات المتحدة، التي شكلت أحد أهم العوامل في تطور الحركة الوطنية الساندينية، فمنذ بداية القرن العشرين أصبحت أمريكا الوسطى مجالًا حيويًا للمصالح الأمريكية بحكم موقعها الجغرافي وأهميتها الاستراتيجية، وفي عام 1912 غزت القوات الأمريكية نيكاراغوا، لتبدأ مرحلة طويلة من الحضور العسكري والتأثير السياسي، ضمن رؤية اعتبرت المنطقة جزءًا من مجالها الحيوي وأمنها الاستراتيجي.
ثم عادت الولايات المتحدة إلى التدخل بعد اندلاع الحرب الدستورية عام 1926، لتواجه مقاومة وطنية قادها أوغستو سيزار ساندينو، الذي أصبح لاحقًا أحد أبرز رموز مقاومة التدخل الخارجي في أمريكا اللاتينية،لم يكن ساندينو يخوض مواجهة عسكرية فقط، بل كان يحمل تصورًا سياسيًا يقوم على أن استقلال الدولة لا يكتمل إذا بقي قرارها الوطني خاضعًا لإرادة قوة خارجية، ولذلك تحولت مقاومته إلى رمز أوسع لدى حركات التحرر، باعتبارها نموذجًا لشعب صغير يواجه اختلالًا كبيرًا في موازين القوة، لكنه يمتلك القدرة على تحويل قضيته الوطنية إلى قضية تتجاوز حدوده.
لقد استطاعت المقاومة الساندينية هزيمة الجيش الامريكي واجبرته على الانسحاب ، ورغم احتفاظ واشنطن بنفوذ ليس بالقليل  من خلال ترتيبات سياسية وأمنية، كان أبرزها إنشاء الحرس الوطني الذي أصبح لاحقًا أداة أساسية في صعود عائلة سوموزا.
 فإن تلك المرحلة بقيت دليلًا على أن القوة الكبرى ليست دائمًا قادرة على فرض إرادتها إلى ما لا نهاية،رغم ان  انسحاب القوات الأمريكية لم ينهِ الصراع حول استقلال القرار الوطني، بل نقله إلى مرحلة جديدة. فقد تحول الحرس الوطني إلى أداة للسيطرة السياسية، ومع صعود عائلة سوموزا دخلت نيكاراغوا مرحلة طويلة من الحكم الذي جمع بين النفوذ السياسي والمصالح الاقتصادية والعلاقات الوثيقة مع القوى الخارجية.
وخلال عقود حكم سوموزا،نما  شعور واسع لدى قطاعات كبيرة من الشعب بأن الدولة فقدت قدرتها على التعبير عن تطلعات المواطنين، وأن ثروات البلاد وفرصها لا تصل بعدالة إلى المجتمع، وهكذا تحولت المعارضة من رفض نظام سياسي محدد إلى رفض منظومة كاملة ارتبطت في الوعي الشعبي بالتبعية وغياب العدالة الاجتماعية واحتكار السلطة.
ومن رحم هذه الظروف نشأت الجبهة الشعبية الساندينية للتحرير الوطني، التي حملت اسم ساندينو واستعادت رمزيته التاريخية، مقدمة نفسها باعتبارها امتدادًا لنضال وطني من أجل الاستقلال والعدالة،وبعد معلرك طويلة مع النظام تمكنت قوات الثورة  في 19 تموز/يوليو 1979  من دخول ماناغوا، منهية الحكم الدكتاتوري لعائلة سوموزا، في لحظة شكلت تحولًا تاريخيًا في أمريكا اللاتينية والعالم.
لكن أهمية ذلك الانتصار لم تكن فقط في إسقاط نظام سياسي، بل في في البرنامج  الوطني لبناء الدولة العصرية على اسس وقيم الثورة ،وقد برهنت الايام على قدرة غير عادية امتلكتها الثورة الساندينية المنتصرة حديثا في الموائمة بين المبادي والقيم من جهة والحكم من جهة اخرى ،لقد ادارة حكومات الساندينيين بقيادة القائد دانييل اورتيغا باقتدار ووعي غير مسبوقين كل مناحي الحياة مما شكل استجابة لتطلعات الشعب النيكاراغوي.
لكن انتصار الثورة الساندينية لم يضع نهاية للصراع، بل فتح فصلًا جديدًا أكثر تعقيدًا. فقد جاءت الثورة في ذروة الحرب الباردة، واعتبرت الولايات المتحدة الحكومة الساندينية تهديدًا لمصالحها الاستراتيجية، فدخلت نيكاراغوا مرحلة مواجهة جديدة، أصبحت خلالها ساحة اطماع امريكية جديدة وتجلى ذلك  في دعم واشنطن لقوات الكونترا المسلحة.
وفي ظل هذه الظروف واجهت نيكاراغوا باقتدار تحديًا مزدوجًا: الدفاع عن استقلال قرارها الوطني، وفي الوقت نفسه بناء دولة قادرة على تلبية احتياجات مواطنيها، وهنا ظهر الاختبار الحقيقي للثورة، ،فقد حولت المبادئ إلى واقع يلمسه المواطن.
لقد سعت الثورة الساندينية إلى ترجمة رؤيتها الاجتماعية إلى برامج عملية، وكان الإنسان في قلب هذا المشروع. فاعتُبر التعليم أحد أهم مجالات بناء الدولة، وأطلقت حملات وطنية واسعة لمحو الأمية وصلت إلى مناطق وفئات عانت طويلًا من التهميش، وأسهمت في خفض معدلات الأمية بصورة ملحوظة.
كما أولت الدولة اهتمامًا كبيرًا لقطاع الصحة، حيث توسعت خدمات الرعاية الصحية العامة وأصبحت متاحة على نطاق واسع وبتكاليف منخفضة ان لم نقل مجانية ، انطلاقًا من رؤية تعتبر أن العدالة الاجتماعية مسؤولية عملية للدولة وليست مجرد شعار سياسي.
فبالرغم مما واجهته نيكاراغوا من حرب وضغوط اقتصادية وحصار وصعوبات الانتقال من مجتمع خارج من الصراع إلى دولة مطالبة بإدارة التنمية،فقد برهن الساندينيون على امتلاكهم القدرة والارادة والادوات اللازمة لوضع الشعارات والمباديء موضع التنفيذ.
إن  قيمة أي تجربة سياسية لا تقاس فقط بقدرتها على إنتاج روايتها، بل بقدرتها على الحفاظ على تلك الرواية ،لقد مضت 47 سنة على الانتصار ولا زال السندينيون يبنون ويطورون بلدهم لتصبح نموذج يحتذى مع الموائمة بين ذلك وبين الحتفاظ بالقيم والمباديء.
فالانتقال من الثورة إلى الدولة هو الاختبار الأصعب؛ لأن الثورة تمنح الشعوب هدف التحرر والتغيير، أما الدولة فتتطلب بناء المؤسسات، وإدارة الموارد، وتحقيق التنمية، وتوفير الخدمات، والتعامل مع عالم تحكمه المصالح والتوازنات،وهنا لا بد من الاسارة ان نيكاراغوا تفوقت بامتياز في هذا المضمار.
ومن هنا فإن تجربة نيكاراغوا تقدم نموذجًا مهمًا للتأمل في العلاقة بين السيادة الوطنية والعدالة الاجتماعية وبناء الدولة، فقد جعلت التعليم والصحة ومحو الأمية  وتطوير البنية التحتية جزءًا من مشروعها الاجتماعي، والحفاظ على استقلال قرارها السياسي في بيئة دولية صعبة، وربطت مواقفها الخارجية بذاكرة تاريخية تشكلت حول قضايا السيادة وحق الشعوب في تقرير مصيرها.
ومن هذا المنطلق يمكن فهم موقف نيكاراغوا من القضية الفلسطينية، ليس باعتباره موقفًا منفصلًا عن تاريخها، بل باعتباره امتدادًا لرؤية سياسية ترى أن العدالة الدولية لا ينبغي أن تكون انتقائية، وأن حق الشعوب في الحرية وتقرير المصير يجب أن يكون مبدأ عامًا لا يخضع فقط لموازين القوة.
فأمريكا اللاتينية عمومًا، ونيكاراغوا خصوصًا، تحمل في ذاكرتها السياسية تجارب طويلة مع التدخلات الخارجية والصراعات حول استقلال القرار الوطني، ولذلك ربطت العديد من التيارات السياسية في القارة بين تجاربها التاريخية وقضايا التحرر الوطني في العالم، ومنها القضية الفلسطينية.
ولهذا فإن ذكرى انتصار الثورة الساندينية ليست مجرد استعادة لحدث تاريخي وقع قبل سبعة وأربعين عامًا، بل فرصة للتأمل في تجربة انتقلت من المقاومة إلى الدولة، ومن مواجهة الخصم إلى مواجهة تحديات البناء.
لقد أثبتت نيكاراغوا أن حجم الدولة لا يحدد وحده قدرتها على التأثير، وأن الشعوب الصغيرة تستطيع أن تصنع حضورًا عندما تمتلك قضية تؤمن بها وإرادة تدافع عنها، لكنها أثبتت أيضًا أن أصعب انتصارات الثورات ليست تلك التي تتحقق في لحظة المواجهة، بل تلك التي تتحقق عندما تتحول المبادئ إلى سياسات، والشعارات إلى حياة يومية، وبناء الدولة إلى اختبار حقيقي للوفاء بالرسالة التي انطلقت منها الثورة.
وربما يكون الدرس الأهم من التجربة الساندينية أن الثورة لا تُخلَّد فقط لأنها انتصرت على خصومها، بل لأنها استطاعت أن تواجه امتحان الزمن،حيث برهنت  ان بناء الدولة ليس نقيضًا للمبادئ، بل هو الاختبار الحقيقي لها، وعندما تنجح تجربة ما في الجمع بين السيادة الوطنية، والعدالة الاجتماعية، وبناء الإنسان، فإنها لا تحافظ فقط على ذاكرتها التاريخية، بل تمنح هذه الذاكرة قدرة على الاستمرار والتجدد مع الأجيال القادمة.